Actualmente se le puede ver embarrancado y oxidado en Fuerteventura, al lado de la playa de Garcey, pero en sus buenos tiempos fué un enorme crucero de lujo bautizado por Eleanor Roosevelt, eran los años 40.
Inmediatamente llegó la guerra, y sin llegar a hacer ningun crucero de lujo, el entonces mayor barco de pasajeros del mundo, pasó a servicio militar para transporte de tropa.
Al acabar la guerra si pudo hacer numerosos viajes y vueltas al mundo, pero poco a poco fué decayendo y pasando de naviera en naviera hasta su fin en España, donde el mar se lo está tragando a su ritmo, sin prisas.